Los
criterios que rigen en nuestra sociedad son la utilidad y la eficacia, y
las energías, hasta en el campo educativo, se dirigen a crear hombres
hábiles, eficientes y competitivos.
A veces se educa para el éxito,
para el triunfo, para lo espectacular; pero quizá se olvide el ser
íntimo del hombre y haya demasiados hombres superficiales, vacíos por dentro, con poco o con nada que ofrecer a los demás.
Decía Einstein: «La escuela debe tener siempre como objetivo que el
joven salga de ella con una personalidad armoniosa, no como un
especialista». Posiblemente los esfuerzos docentes deban encaminarse a
la adquisición del arte de pensar de manera crítica y creativa y, por
tanto, a que el alumno no sólo adquiera conocimientos sobre las cosas,
sino a que busque la verdad por sí misma.
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