miércoles, 26 de junio de 2013

Los criterios que rigen en nuestra sociedad son la utilidad y la eficacia, y las energías, hasta en el campo educativo, se dirigen a crear hombres hábiles, eficientes y competitivos.
A veces se educa para el éxito, para el triunfo, para lo espectacular; pero quizá se olvide el ser íntimo del hombre y haya demasiados hombres superficiales, vacíos por dentro, con poco o con nada que ofrecer a los demás.
Decía Einstein: «La escuela debe tener siempre como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armoniosa, no como un especialista». Posiblemente los esfuerzos docentes deban encaminarse a la adquisición del arte de pensar de manera crítica y creativa y, por tanto, a que el alumno no sólo adquiera conocimientos sobre las cosas, sino a que busque la verdad por sí misma.

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